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 [b][u]The Truth Hurts[/u][/b]

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MensajeTema: [b][u]The Truth Hurts[/u][/b]   Jue 13 Mar 2008, 5:19 pm

Hola a todos, lectores de Seiyuulat! Smile
He venido a dejarles un FanFic -resulta ovbio, verdad? Razz - de Supernatural, o SPN para abreviar XD. Si tienen alguna duda sobre la serie o no la han visto, sugiero que consulten el apartado que aparece en esta página sobre dicha serie n.n

FanFic, ONE SHOOT basado en los pensamientos de Dean Winchester luego de 3x09 "Malleus Maleficarium". Basado también en All Hell Breaks Loose part 2.

Espero que lo disfruten! -y si lo leen no sean malitos y dejenme un comentario, OK?-.

The Truth Hurts

Las palabras de Ruby quedaron grabadas en su mente, como si la muchacha se las hubiera grabado a fuego en el cerebro.
No había salvación.
De alguna manera, el ya lo había aceptado, había aceptado que no había manera de salir del hoyo pero cuando Sam le dijo que un demonio podía ayudarlos vislumbró una pequeñita luz de esperanza en el lejano horizonte. De todos modos, jamás perdió su instinto de cazador.
-“Sigue siendo un demonio y ningún demonio va a engañarme mientras siga en pie. No van a engatusar a un Winchester de nuevo.”-pensaba para sus adentros.
Se preguntó si, a medida que pasaran los siglos él también dejaría de ser “humano”, si llegaría a olvidar lo que se sentía serlo. El infierno era el pozo de la desesperación, no era raro que los demonios quisiesen salir de él a toda costa. Pero no podía evitar preguntarse a sí mismo cuan malo sería, después de todo, el mundo de los hombres no estaba tan lejos: muerte, odio, furia, codicia, traición... y podía seguir enumerando cosas que estaban presentes en la Tierra que también estaban en el Infierno; entonces, valía la pena cuestionarse ¿Qué tan malo podía llegar a ser? Su vida no era TAN buena, al fin y al cabo. Lo que le bastaba para ser feliz era tener a Sammy a su lado, esa era la pura verdad, la fórmula de su felicidad era tan simple como esa palabra de cinco letras: Sammy. Sin Sammy no podría haber seguido adelante luego de que su padre murió –se había sentido como si estuviese desfalleciendo, pero siguió adelante, siguió adelante por su hermano-, sin Sammy no podría haber resultado airoso de varias situaciones.
La vida de su hermano valía más que el oro más puro.
Sam, su hermano menor, era su deber cuidarlo y protegerlo de todo aquello que pudiera lastimarlo, pues ese era SU trabajo como hermano mayor, el trabajo que todo hermano mayor tiene para con su hermanito, por más que se tengan el uno al otro y se cuiden mutuamente; si pasa algo malo, la culpa SIEMPRE la tiene el hermano mayor.
“¿Cómo no pensaste que...? era una de las frases más comunes, hasta el viejo Jhon las había dicho alguna vez.
Las cosas eran así de simples.

Mas, por otro lado, perder su humanidad no era algo que le agradase, ayudar a los demás era algo que había hecho desde siempre y la idea de volver al mundo convertido en lo que más aborrecía no era precisamente algo que le gustase. Al pensar eso un escalofrío le recorrió la espalda.

El muchacho comenzó a caminar lentamente por la galería hacia la puerta de la habitación del motel. Abrió la puerta lo más silenciosamente que pudo y la cerró con cuidado. Al principio no distinguió nada, tan sólo oscuridad, vasta e inmensa Oscuridad.
Sus ojos tardaron un poco a acostumbrarse y pasaron unos minutos hasta que pudo vislumbrar algo en el medio de la negrura que envolvía la habitación, ahora hasta el haz de luz que se filtraba por la ventana le parecía brillante. Caminó despacio, para no chocarse nada y no despertar a su hermano, que dormitaba sentado en su cama, aún con la computadora portátil en el regazo. Dean la tomó y la colocó sobre la mesita ratona que estaba a escasos metros de allí. Se sentó en el borde de la cama y, estirando un brazo, encendió la lamparilla que había sobre su cama. Suspiró de cansancio y se quitó los zapatos. Se quedó un momento así, con los brazos apoyados en las piernas mientras miraba a través de la ventana el vacío de la noche. Permaneció quieto, completamente quieto por varios segundos. Sus ojos verdes bajaron la mirada hasta el piso de cerámicos, concentró su vista en las manchitas de las baldosas, la conversación con Ruby parecía haberle dejado la mente totalmente en blanco, era como si ninguna cosa importara ya, las demás cosas que antes había tenido en la mente no parecían importantes, ni siquiera ahora -cuando estaban en medio de una guerra-... Se detuvo a pensar en la vida y en la muerte, se pregunto si podría ver el Gran Cañón antes de morir, era algo que siempre había querido hacer, un lugar al que siempre quiso ir-incluso desde pequeño-.
Sí, sonaba bien, ver el Gran Cañón antes de marcharse para siempre, contemplar el atardecer desde un peñasco, observando como los rayos rojizos y dorados bañaban las escarpadas laderas con su cálida luz. Iría con Sammy, con su hermano, sí, tenía que hacerlo, quería permanecer los últimos momentos de su vida junto a su pequeño hermanito.
Sin saber muy bien por qué razón se miró las palmas de las manos. Recordó a Sam, que dormía en la cama contigua a la suya, en un sopor tan profundo que ni el disparo de un cañón podría haberlo despertado, y le embargó una inmensa tristeza. Tan grande era que se le hizo un nudo en la garganta que no pudo aflojar ni siquiera tragando saliva repetidas veces. La imagen de su hermano batallando solo en aquella guerra lo hacía sentirse fatal, Sammy estaría solo, completamente solo... El estar solo hizo que, en su momento, Dean hiciese aquel pacto, aún a costa de su propia alma, para traer de regreso a Sam; y ahora se deba cuenta de que su hermano pasaría por lo mismo que él había pasado entonces: lo vería morir en sus brazos, sentiría como si vida se iba poco a poco, como el agua escurriéndose de los dedos; vería su cuerpo sin vida y se haría una y otra vez las mismas preguntas
¿Por qué tuviste que morir? Yo tendría que estar en tu lugar... TODO ES MI CULPA. Debí haberte cuidado mejor, debí haber hecho algo...Aquello sonaría una y otra vez en la mente de su hermano luego de su muerte. No, no podía pasar, en ese momento no entendió como pudo hacerle ESO a Sam.
-Oh, Dios, esto no esta pasando.-murmuró Dean y se llevó las manos al rostro.
Y la tristeza que le oprimía la garganta comenzó a manifestarse sin que pudiese detenerlo: las lágrimas comenzaron a resbalar por su rostro, quemaban como el fuego, abrasaban demasiado, era como si le hubiesen puesto un hierro caliente sobre la piel.
Y Dean Winchester lloró en silencio –sí, lloró, lloró como cuando era un niño y tan sólo tenía cuatro años y comprendió que su madre jamás regresaría, lloró como cuando murió su padre, pero claro, en ese entonces lo había hecho a espaldas de su hermano, pensando que si el mostraba el menor signo de debilidad, si no se mantenía duro como una roca, Sam se desmoronaría- dejando que toda la tristeza que sentía dentro de sí mismo saliese –aunque dudaba que ello fuese a minimizar el dolor que sentiría cuando llegara el momento de separarse de su hermano-.
Las últimas palabras que habían salido de su boca se perdieron en el aire, pero le trajo una torrente de recuerdos, recuerdos que hubiese preferido olvidar; o mejor, que NO fuesen recuerdos, entonces eso implicaría que su hermano no había muerto, que su vida no se acortaba segundo a segundo y que, tal vez, la puerta del Infierno no hubiese sido abierta; pero sencillamente, al igual que antes, no pudo evitarlo. Y aquellos sucesos acudieron a su subconsciente, y vio pasar las imágenes como si de una película se tratase, pero no había sido nada de eso, había sido VERDAD.
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MensajeTema: Re: [b][u]The Truth Hurts[/u][/b]   Jue 13 Mar 2008, 5:24 pm

He aquí la segunda parte! n.n Tuve que dividirla en dos porque si no era muy largo XD

|//.x.x.\\|//.x.x.\\|FLASHBACK|//.x.x.\\|//.x.x.\\|
Dean bajó del Impala rápidamente, cerró la puerta con estrépito y corrió a través de la calle de tierra del pueblo abandonado. Bobby le pisaba los talones.
El vaho que salía de su boca ascendía hacia el cielo en numerosas volutas de vapor perlado. Sus pasos no producían ningún sonido gracias a que la tierra estaba húmeda, pero eso no lo tranquilizó, más bien lo impacientó, aquel maldito bastardo podía estar detrás suyo en ese preciso instante y él no lo sabría. Se apresuró a doblar en una esquina, aminoró la marcha hasta que comenzó a caminar, mirando atentamente, tratando de distinguir algo en la negrura de la noche. Tenía que hallar a Sam, DEBÍA encontrarlo...
Sus ojos verdes otearon los alrededores, escrutando milímetro a milímetro todo lo que la escasa luz de la luna y la de las linternas le permitían ver. Giró la cabeza y el nudo que tenía en el estómago se aflojó considerablemente, ahora solo era como una pequeña puntada sumamente molesta.
-Dean.-lo llamó Sam, con una sonrisa de alivio en el rostro.
Dean estaba aliviado de haber encontrado a Sam pero tenía un mal presentimiento, como si supiese que algo malo iba a ocurrir, una vocecita parecía estar susurrándoselo al oído. Y entonces lo vio, una sombra oscura se movió detrás de su hermano y, cuando un rayo de luna lo iluminó por un breve instante, un cuchillo brilló en una de sus manos.
-¡Sam, cuidado!-exclamó Dean, gritando, tratando de advertir a su hermano, pero ya era demasiado tarde.
La cara de Sam se crispó en una expresión de dolor cuando el cuchillo traspasó su carne.
Y el grito de Dean debió de haberse escuchado desde muy lejos.
¡NO!
Corrió hacia su hermano lo más rápidamente que pudo.
Sam caía de bruces contra el suelo, pero Dean lo asió por la chaqueta, y así evitó la caída. Las rodillas de él y de su hermano tocaron el suelo de tierra. Dean abrazó a su hermano, para protegerlo, para hacerle saber que todo estaría bien, que nada iba a sucederle estando con él. Pero sintió un líquido caliente y pegajoso en una de sus manos, la apartó de Sam y la miró por un breve instante, en ella tenía una mancha roja y oscura: era SANGRE. Dirigió presurosamente su vista hacia su hermano, y vio con horror que Sam perdía las fuerzas. Las palabras salieron atropelladamente de su boca.
-No te preocupes, Sammy.-tomó aliento-Todo estará bien, yo te cuidaré, te curaré y te pondrás bien. Ese es mi trabajo, ¿Verdad?-le preguntó, pero no obtuvo respuesta-Cuidar de mi pequeño e insoportable hermanito.-sonrió. Miró a su hermano, sus ojos estaban cerrados y comprendió, con horror, que permanecerían cerrados para siempre-¿Sam?¿Sammy?-preguntó, a pesar de que sabía que no serviría de nada- Oh,Dios, esto no está pasando.-abrazó fuertemente el cuerpo sin vida de su hermano y los sollozos amenazaron con salir de su garganta, respiró profundamente. Su cuerpo tembló ligeramente-¡SAM!
La oscuridad se cernió sobre las dos figuras. Las estrellas resplandecían en el oscuro cielo como el rocío por la mañana sobre la hierba. Y las lágrimas de Dean Winchester resplandecieron también, mientras lloraba por su hermano muerto.

No podía haber pasado, era lo que él había tratado de evitar toda su vida. Sam muerto, no, eso no podía ser cierto, se negaba a aceptarlo. Fue por eso que la sensación que tuvo cuando Bobby le mencionó que debían enterrar a Sam fue similar a la que hubiera tenido si le hubieran pegado con un bate de béisbol en el cráneo hasta partírselo.
-Algo grande está pasando allí afuera.-dijo Bobby, más tarde-Estoy hablando del fin del mundo.
Y el Winchester explotó.
-¡Entonces que acabe!-exclamó Dean furioso, aquello fue la gota que colmó el vaso.
Tenía unas ganas tremendas de pegarle a alguien, de pegarle a Bobby, por atreverse a insinuar una cosa así (aunque sabía que el cazador no tenía la culpa de nada, pero su cuerpo estaba poseído por una furia ciega que le impedía pensar claramente).
Haber perdido a Sam era como haber perdido la razón para vivir, la vida ya no significaba nada, SU propia vida ya no significaba nada para él. Mandó al cuerno a absolutamente todo, al mundo, al demonio, a la guerra que estaba a punto de desatarse...porque si tan sólo hubiera cuidado a Sam como debía hacerlo, si no hubiese estado tan ocupado en la cacería, en ese preciso momento su hermano estaría con vida, respirando, mirándolo con aquellos ojos de cachorro que siempre le ablandaban el corazón...TENDRÍA que haber cuidado más a Sammy, no sólo le había fallado a su padre, se había fallado a él mismo, había fallado a la promesa que se había impuesto desde que tenía cuatro años, la promesa que le había hecho a su difunta madre aquella noche, mientras estaban en la casa de unos vecinos en Lawrence. Había pedido a Dios que su madre la escuchara, recordó como había mirado al cielo oscuro y estrellado por tantos minutos.
“Mamá...-había pensado- Estés donde estés quiero decirte que no debes preocuparte por Sammy, yo cuidaré de él, ese es mi deber como hermano mayor.-se había quedado quieto, con ambas manos entrelazadas por varios minutos, y lo que había dicho luego en voz alta, con tanta convicción y seguridad no lo olvidaría jamás- Seré su ángel de la Guarda.”
Por eso se había ocupado y preocupado tanto por Sam todos aquellos años, porque cuando aún conservaba su inocencia de niño le había prometido eso a su madre. Porque le recordaba el tiempo en el que él pensaba que Dios existía, que Jesús existía y también sus ángeles –más a medida que pasaban los años su fe comenzó a decaer, hasta esfumarse por completo aquel día que se enteró que los demonios existían-. Pero algo lo mantenía unido a aquella promesa, por más que el haberla hecho a su madre pensando en que Dios existía hubiese pasado a ser algo superfluo.
Y ahora, al ver a Sam tendido así, sin vida, con los ojos cerrados, los labios amoratados y el cuerpo frío sentía que le había fallado a TODOS; y que su vida no valía nada, que ya no había nada más que lo incentivara a seguir luchando, ya que Sam jamás podría cumplir su sueño de ser normal, de llevar una vida como cualquiera, pues ahora estaba muerto.
Se paró en el marco de la puerta, con las manos en los bolsillos. Tenía los ojos enrojecidos por el esfuerzo que hacía para no llorar o derramar alguna lágrima, por más que ahora no importase, por más que ya no tenía que fingir ser como un muro duro como una roca para evitar que su hermano no se desmoronase, por más que ya no había nadie que pudiese verlo llorar.
Simplemente se quedó contemplándolo, mientras sentía unas ganas tremendas de ir hasta donde estaba y zarandearlo para que despertase, porque se negaba a aceptar que estuviese muerto. Fue en esos escasos segundos que permaneció mirando el cuerpo de su hermano en el que la Verdad le golpeó tan fuerte como si una roca le hubiese caído encima: Sam estaba MUERTO y jamás regresaría. No había vuelta atrás, nada ni nadie podía impedir la muerte, ni hacer que los muertos regresaran de aquellas oscuras tinieblas que eran la Partida Eterna.
La verdad dolía. Y mucho.
Fue entonces cuando comenzó a pensar en voz alta, como si de verdad le estuviese hablando a Sam y el pudiera escucharlo. Fueron segundos en los que confesó lo que siempre le había ocultado a su hermano cuando estaba con vida. Al decir aquellas palabras sentía que se estaba hiriendo a sí mismo por dentro, pero era lo único que, en ese momento, podía hacer para aplacar su dolor.
“Sólo quería que fueses un niño por más tiempo, Sam.”
“Papá jamás tuvo que pedirme que te cuidase, era mi trabajo ¿Sabes?.”

Eran algunas de las cosas que había dicho. Pero cuando la frase ¿Qué se supone que debo hacer? Salió de sus labios tuvo una clara idea de que haría... Aunque sabía que si resultaba y Sam se enteraba, jamás se lo perdonaría.

El cielo estaba nublado y los rayos del Sol no iluminaban la tierra, era el vivo reflejo de lo que en esos momentos era el alma de Dean, el alma que estaba en peligro.
La llamada estaba hecha. Entonces ¿Por qué no aparecía aquella maldita? ¿Dónde demonios estaba? El muchacho rubio comenzó a impacientarse. Las palabras salieron atropelladamente de su boca, cargadas hasta el más mínimo sonido con furia y odio.
-Vamos, vamos.-miró hacia los lados-¡Muestra tu cara, perra!
-Baja el tono, o despertaras a los vecinos.-dijo una voz suave detrás suyo.
El muchacho se dio vuelta bruscamente y sus ojos se posaron en la curvilínea figura de una mujer de cabello oscuro y ondulado, ataviada con un vestido negro con un generoso escote y cuyos pies estaban enfundados en unas elegantes sandalias de tacón, también negras. En otras circunstancias Dean se la habría devorado con los ojos pero en esos momentos cosas mucho más importantes que coquetear con una mujer ocupaban su mente: Tenía que revivir a Sam.

Mientras Dean caminaba a la cabaña en la que había dejado a su hermano seguía cavilando sobre lo que acababa de suceder hacía unos momentos. Aún sentía el repulsivo gusto de la boca de aquella mujer, tener que haber sellado el pacto con un beso era lo peor que le podría haber pasado, es decir... ¡Había tenido que besar a esa zorra! Lo más horrendo fue que ella lo disfrutó, la muy perra le había sostenido el rostro mientras hurgaba en su boca con aquella lengua que se retorcía como una víbora. Y si había algo más que debía agregar a esa desagradable experiencia era que la maldita le acariciaba la espalda, en otras circunstancias habría disfrutado de las caricias que esas suaves manos le ofrecían pero en su momento se había sentido profundamente asqueado y había querido separarse de aquel esbelto cuerpo pero había podido, porque si no el pacto no se habría consumado –aunque, técnicamente, el pacto estaría concluido un año más tarde, trescientos sesenta y cinco días después de aquella jornada-, y lo había soportado todo por Sammy, porque así el volvería a la vida.
Sin embargo no confiaba del todo en las palabras del Demonio de Ojos Rojos, puesto que hacía unos meses él había evitado que un pacto se concluyese.
-“Avísame antes de violarme con tu lengua demoníaca”- le había dicho al demonio aquella vez. No pudo evitar sonreír: en cierto punto, había tenido razón.
Abrió lentamente la puerta de la cabaña, algo cabizbajo, pensando si aquello que había hecho era lo correcto. Mas sus dudas se disiparon cuando vio a Sam de pie, mirándolo algo desconcertado. Estaba respirando, estaba erguido y Dean pudo ver el brillo de sus ojos, ahora llenos de vida. Tenía ganas de brincar y gritar de alegría pero si lo hubiera hecho habría sido muy sospechoso. No obstante, la dicha que sentía por dentro de seguro pudo apreciarse en su rostro. Cuando abrazó a su hermano escuchó los latidos de su corazón –el pequeño tamborileo hizo que le embargara la más pura sensación de júbilo- y esa fue la prueba fehaciente de que el Demonio de la Encrucijada había cumplido su palabra, ahora era el turno de cumplir la suya.
|//.x.x.\\|//.x.x.\\|END OF FLASHBACK|//.x.x.\\|//.x.x.\\|

Resultó irónico que hubiera pensado en el pacto mientras se lavaba los dientes. Sin saber por qué razón, le había puesto una considerable cantidad de pasta dental al cepillo para lavarse nada más que la lengua –tal vez había recordado el gusto que le había quedado en la boca luego de besar al Demonio de Ojos Rojos o simplemente porque aún sentía la sangre en su boca-.
Sea como fuere, ahora se hallaba acostado en la cama. Estaba muy cansado y los párpados casi se le cerraban solos.
Se quedó contemplando el techo de la habitación, mientras estaba arrebujado en su cama con las mantas hasta el cuello. No sabía si debía decirle la verdad a su hermano. Sentía que aquello iba a destrozarlo, si minaba cualquier esperanza de que podría salvarlo el menor iba a derrumbarse, y Dean no podría tolerarlo, no podría soportarlo jamás, no podría aguantar ser la causa del sufrimiento y tristeza de su hermano; era mejor que siguiera pensando que había una salida. De momento, se encargaría de entrenarlo para que fuese un gran cazador, para que se convirtiese en el mejor, en un cazador del que su padre y él estarían orgullosos, Sam sería todo lo que él no llegaría a ser. Y el velaría por la seguridad de su hermanito desde el lugar más recóndito y tenebroso del Infierno.
Respiró profundamente y se giró hacia la ventana, hacia donde estaba Sam durmiendo, en la cama contigua a la suya. La respiración de su hermano no era entrecortada, ya no gritaba ni se despertaba en el medio de la noche a causa de las pesadillas, al menos podía dormir en paz. Más él no podía hacerlo, muchas veces se despertaba en el medio de la noche, sudoroso; incontables veces había soñado con su muerte desde que había hecho el pacto. Y Sam, quien siempre dormía en un sopor profundo nunca se despertaba, en fin, casi nunca –cuando eso ocurría Dean ponía una respuesta estúpida para la pregunta de su hermano de qué demonios le pasaba-. Tarde o temprano su perspicaz hermano se enteraría de la verdad pero, hasta ese momento, Dean confiaba en que no le mencionaría lo que le había dicho Ruby.

La Verdad es la Verdad, pero la Verdad a veces duele... y mucho.
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